Hace poco leí "El Gran Inquisidor" de Dostoievski, y debo confesar que lo disfruté muchísimo, además de ser una lectura muy amable, ofrece la posibilidad de hacer una relfexión sobre el silencio que guarda Jesucristo ante algunas de las preguntas que le hacemos, y concluyo, como se muestra a continuación, que ese silencio es la respuesta con más sentido, que Jesucristo nos puede dar.
Por supuesto, recomiendo ampliamente esta obra.
El "misterio”, que en conjunción con el “milagro” y la “autoridad” son la triada perfecta que conforma el aparato persuasivo en el que los hombres, sobre todo aquellos que son “débiles e indómitos” pueden delegar su libertad y fundar su fe satisfaciendo de esa manera lo que el mismo Dostoievski ha definido como “el afán más vital del hombre”.
El misterio, el milagro y la autoridad son las tres fuerzas que, pese a su capacidad de persuasión,
, Jesucristo no ha querido valerse de ninguna, tal vez con la finalidad de mostrar lo que Dostoievski ha denominado “el sublime orgullo de un Dios”. Sin embargo, el Inquisidor explica que aunque no se haya valido de estas fuerzas, el hombre ha tenido que corregir su obra basándose en el “milagro”, el “misterio” y la “autoridad” para que la conciencia del hombre ceda, y sintiéndose seguro por estar conducido y guiado “como un rebaño”, entonces pueda continuar su vida con esa libertad que le ha sido dada, pero que, como el Inquisidor dice, pareciera ser un “don funesto que tantos sufrimientos” le ha causado. A favor de esto, Pascal piensa que aunque los milagros y las pruebas del cristianismo no sean absolutamente convincentes, tampoco hay algún factor decisivo como para no creer en ellas, sin embargo sí hay bastante evidencia para condenar si no se cree, a pesar de que no haya suficiente evidencia para convencer.(1)
Por tanto, lo que podemos concluir es que el silencio que guarda Jesucristo al no contestarle nada al Inquisidor, no es silencio vacuo o carente de significado, por el contrario es la respuesta más acertada, coherente y llena de sentido que pudo darle.
Es el silencio en que podemos comprenderlo, conocer a Dios y en última instancia a nosotros mismos.
(1)Cfr. Pascal , Blaise, Pensamientos, Ed. Colección Austral, Trad. X. Zubiri, Barcelona, 1940 p., 95
Wow. El silencio siempre me ha intrigado. Pero tienes razón, sólo en él podemos escuchar a Dios.
ResponderEliminarAsí que shhhh! jaja.
No sé, a mi el silencio siempre me ha causado problemas... Je! A veces no sé cómo interpretarlo y cuando dices algo generalmente esperas una respuesta... Respuesta que tal vez es ese silencio más duro y difícil de interpretar...
ResponderEliminar¿No será que con el silencio también "hablamos"?