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Nada es para siempre



No sé por qué, pero a veces pienso en todo lo que acontece y en cómo sucede.


Hay momentos en la vida en que nos sentimos muy bien, que quisiéramos que todo fuera así para siempre; esto es porque nos produce estabilidad emocional, porque así nos sentimos seguros. Es más, llegamos a pensar que lucharemos para que las cosas sean así siempre, aún sabiendo que las cosas cambian, que las personas se van y que estos cambios no depende de nosotros, sino sólo de una ley que parece regirlo todo y que a modo de refrán con un toque un tanto poético, la gente repite: "Nada es para siempre".

Pero la seguridad de la certeza de esta frase es lo que nos inquieta y nos incita a querer que no sea de ese modo y a querer luchar contra eso, contra el cambio, a querer mantener todo como se encuentra en esos momentos en que nos sentimos tan bien.


Después de pensar en esto y de seguir mi recorrido por mis recuerdos, me doy cuenta de que esos cambios son la causa de tantas y diversas situaciones que se generan después, mismas en las que nos sentimos muy bien, pero con miedo; un miedo producido por el exceso de bienestar que estamos experimentando que nos resulta tan bueno que nos parece inverosímil, y nos da miedo llegar a perderlo y que no lo volvamos a tener.


Mi conclusión es que, si las cosas no cambiaran, no tuvieran su justo momento y su justa duración, no podríamos conocer lo que viene después, que sin duda es bueno, y de este recorrido lo que puedo concluir es que, esos momentos de felicidad exquisita sí se repiten aunque de manera diferente, con personas diferentes que nunca pensamos que conoceríamos, en lugares distintos donde nunca imaginamos que estaríamos, en circunstancias que jamás pensamos que sucederían y que parece inminente que enfrentemos.


A pesar de saber y haber concluido que los cambios son buenos, que el curso óptimo de las cosas es así, con altas y bajas, bajas que es necesario tener para que se recuperen fuerzas y vuelo para volver a subir y volver a tener esa estabilidad que tanto nos agrada; pero tanto los momentos bajos como los altos tienen una duración, son finitos y ambos siempre pasan.


Por eso sé que esto también pasará, sé por qué, pero a pesar de saberlo, me doy cuenta de que estoy viva, porque no obstante, siento miedo, pero no por lo desconocido, por aquello que vendrá, sino por no volver a tener lo que ahora tengo, por perderlo. Mi consuelo es pensar que si es necesario, nos volveremos a ver otra vez.

2 comentarios:

  1. Sin conocer el sufrimiento no valoraríamos lo que es la felicidad y la alegría. Creo yo... jaja. Muy bonito, Teque.

    Saludos.

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  2. Yo sé de unas cuantas "cosas" que si son para siempre... para siempre, para siempre, para siempre...

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